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18 de marzo de 2012
16 de marzo de 2012
Derek Fisher: el alma omnipresente
Derek Fisher. Un pipiolo de 37 años procedente de Little Rock, en Arkansas. Lleva en la NBA desde 1996, llegando en uno de los mejores momentos de la liga -con los hitos de los Bulls de Jordan- y en uno desconcertante para su franquicia, los Lakers de Los Angeles. Apariencia rocosa, con una mecánica de tiro muy old school y siendo uno de los pocos gentleman que quedan en la liga norteamericana. A decir verdad, nunca ha destacado por ser una gran estrella, pero sí se ha hecho respetar por todos.
Comenzó en Los Angeles Lakers rompiendo en pieza importante del esquema de los angelinos, siempre en el papel secundario, algo que no se le daba nada mal. En la entrada del nuevo milenio, tres anillos en tres años consecutivos (2000, 2001 y 2002), y tres temporadas en dobles dígitos. Todo era púrpura y oro, pero la rotura en el vestuario produjo una estampida que se llevó con ella a Fisher. No muy lejos, a la bahía de Oakland para jugar con los Golden State Warriors. Dos años sin sobresaltos ni excitaciones, en un equipo de mitad de tabla. De ahí a Salt Lake City, para jugar en Utah Jazz sólo un año. Y, de nuevo, retorno al Staples. Otros dos anillos más se sumaron a su lista, en 2009 y 2010, al lado de Pau Gasol.
Atrás quedan en la memoria de los aficionados las hazañas de Fish. Ese tiro triple imposible a falta de una décima en San Antonio en 2004 para sacar a los texanos de los Playoffs, algo que a la postre tampoco serviría de nada a unos indolentes Lakers. Esa historia humana en la que Fish pasó del hospital de Nueva York donde estaba su hija a la pista de su ex-equipo -los Warriors- para anotar el triple ganador en una prórroga a la que Derek había llegado de viaje express por los pelos. O esas negociaciones, algo más recientes, para defender los derechos de sus compañeros siendo la voz del sindicato de jugadores.
D-Fish, como es apodado, marcha a Houston, que es su nuevo destino (parece que no por mucho tiempo). Muy criticado por su bajo rendimiento durante su última etapa angelina, deja incertidumbre en los Lakers. Pero deja algo más importante, deja un alma en pena: Kobe Bryant. El casi único apoyo que tuvo Kobe cuando se produjo la escisión en el vestuario con Shaquille O'Neal, el hombro donde llorar con el tedioso juicio de Bryant, el que le aconsejó un cambio de mentalidad a la hora de jugar y quien más ha soportado su carácter arrogante ha sido Derek Fisher.
Futuro miembro del Salón de la Fama y posiblemente "camiseta retirada". Poca tela que cortar, pero un armario lleno a sus espaldas
29 de enero de 2011
Blake Griffin 2.0
Es la nueva sensación de la NBA, y parece que su impacto no cesa y tendremos que convivir con él mucho tiempo. Nº1 del Draft de 2009, Blake Griffin es el talento que asombra a la audiencia baloncestística noche sí, y noche también. Y amén de esto, se está creando un auténtico icono que ya está dando sus primeros frutos.Joven, con altura de ala-pívot y con movimientos de auténtico posteador, posee cualidades y recursos con los que muchos no cuentan. Rebote, colocación y potencia, capacidad de salto y poder en el contacto, un tiro más o menos decente para un alero no tirador, visión de juego y un juego de pies excelso son los atributos que mejor le pueden definir.El hecho de pertenecer al "hermano pobre" de Los Angeles le afecta de dos modos distintos. Positivamente, porque le pertenecen más minutos al ser el jugador franquicia en este equipo de tan poco calado. Negativamente, su crédito está un tanto más en entredicho que otros grandes jugadores por ese motivo.Pero no se casa con nadie. Ha provocado numerosas reacciones entre sus colegas de la acera de en frente, como Pau Gasol o Lamar Odom, quejándose de un juego variopinto pero algo anormal. Griffin admite que le falta mucho por pulir, pero que lo hará a su manera.Sus números no dejan lugar a dudas. Es carne de doble-doble y uno de los jugadores estándar del modelo 20-10 (ptos./reb.). Ha sido uno de los aleros más votados para el All-Star de L.A. en la Conferencia Oeste, y su popularidad se ha disparado; hasta le han atribuido ya algún ligue famoso, a pesar de tener novia.No se llevará el rookie del año (porque la temporada pasada se la perdió entera por lesión), pero las sensaciones de estrella quedan patentes. Incluso se le está subiendo el ego, algo normal con las comparaciones que se hacen de él actualmente: Worthy, West, Schmidt, Erving, Wilkins, etc. Resumiendo, un jugador por elque merece la pena pagar una entrada.
Lo mejor de Griifin en 2010
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